Extracto de “El Juego de los Abalorios” de Hermann Hesse, 1934.

…Aquel que conoce la música sólo por las esencias que el juego de los abalorios ha destilado de ella, podrá ser un buen jugador, pero dista mucho de ser un músico, y, según presumo, tampoco es un historiador.

La música no consiste solo en el espíritu vibratorio y figurativo que hemos abstraído de ella; ha consistido a través de todos los siglos, ante todo, en la alegría por lo sensible, e el fluir de los alientos, en el latido de los compases, en el colorido, en las fricciones e incentivos que surgen de la combinación de voces y del juego concertado de los instrumentos.

Cierto es que el espíritu es lo principal y no cabe duda de que la invención de instrumentos nuevos, la transformación de los antiguos, la renovación de los modos, la introducción de fórmulas constructivas y armónicas antes desconocidas – o su prohibición – son siempre y sólo gestos, exterioridad, de la misma forma que lo son los trajes y modas de los pueblos; pero hay que haber captado y gustado sensorial e instintivamente esos rasgos externos y sensorios para comprender que aquí están la época y el estilo. Se hace música con las manos y los dedos, con la boca y los pulmones, no solo con el cerebro; aquel que, por ejemplo, sabe leer las notas, pero no sabe tocar  perfectamente un instrumento, no está capacitado para tomar parte en una conversación sobre música.

Por tanto, no debe entenderse la historia de la música exclusivamente como una historia abstracta de estilos; así, resultarían incomprensibles las épocas de decadencia de la música….

Deja un comentario

2016 Col·lectiu Camí Fondo © Tots els drets reservats/Todos los derechos reservados/All rights reserved.